Y no mentalicé mi mente de hombre.

 

Yo era un hombre y tenía una compañera.

Y había campo, ilusión y cielo y brisa.

Tres luces nos nacieron muy aprisa,

y la última en venir se fue primera.

Y jugamos a ser siempre primavera.

Y de mi ser de hombre hice la sisa,

me hice niño. Creí ser cortapisa,

que razón suya y mía se entendiera.

Y la vida y la muerte caminaron,

rompiendo compás y ángulo formados

y los unos y a la otra se llevaron.

Y en el sillón, dormidos y olvidados,

hombre y niño, en un cuerpo se quedaron,

tanto amor e ilusión desperdiciados.