A mi madre

 

Más un día tu árbol floreció

y sentiste correr a otro río,

- su cauce dentro de tus cauces –

y yo fui una rama de tu árbol,

cobijada mi sombra por la tuya.

Cuando aún mis ojos no habían aprendido a contar las estrellas,

jugaba a hundir mis dedos

en tus montones de arena blanca,

porque gustaba beber de tus surtidores;

mientras acariciabas mi cabeza, poniendo anillos a tus dedos.

Te preguntaba, por qué la luna era redonda y blanca,

y me entretenía

pensando, por qué los ojos de los gatos mudaban de noche y día.

Luego quise afeitarme una barba inexistente

y convertí en humo mis primeros veinte céntimos;

y terriblemente quise dejar de ser niño,

para convertirme en hombre,

con mis primeros pantalones largos.

Es difícil empezar a ser hombre

y es difícil dejar de ser niño,

cuando nuestro ser empieza a sufrir y comprender la existencia;

al contrastar su mirada limpia

con la visión enturbiada del mundo.

Y es difícil acordarse de ser niño,

cuando la vida se ha enredado en nuestras pestañas

y no sabemos Jugar al escondite;

y ... es tan bonito ser niño.