Desfallecimiento

Como desfalleciendo un corazón que muere,

se va devanando la madeja,

empujada la hebra por el tiempo

          que la enreda.

Así, se va torciendo el camino

          que la conduce al destino.

Se va arropando en las horas,

          con que se cubren los días

y muere vieja de tiempo,

          manchada, triste y de olvido.