(En el último compás de Orfeo negro, en " San Germain des pres", con un cuba libre y una sombra ardiente.)

                                                    “Luna que se quiebra, entre las tinieblas de mi soledad ..."

Yo vi un hombre vestido de tristezas,

que se buscaba las manos,

mientras las calles se paseaban por él.

Llevaba arrugas de luto,

parque se le había muerto la vida

y ... estaba solo,

y no podía pintar los pasos que no suenan,

porque la vida, camina de puntillas

para no darse a nadie.

Un día,

quiso correr las calles

y recogió los ojos,

que había dejado en el armario.

Aquellos ojos,

eran tan grandes como el mundo,

y no podía colocarlos

en sus cuencas de conformismo.

Así se quebró su ilusión

sin ruido,

como para no dañar a los muertos

y añadió una arruga más

a su franja de luto de tristezas.