A Julián Ballesteros Mateo, prisionero en Ifni

¡Que poco viento guardaban sus suspiros!

¿Verdad amigo?, que en tu tiempo guardas

recuerdos de una miel que se ha vertido.

Mas tu, no sabes nada

porque aún no te arrastraste de las sombras.

Te tendrás que volver nube de amianto

y verás lo que fue día,

hecho noche,

y un cielo sin estrellas (feo y como de barro)

será lo que creíste

un firmamento rutilante.

Te apenas ¡ay! amigo,

que yo sin ser tu luz

también siento romper mis filamentos.

Porque estás lejos,

te escribo mi poema,

te enseño mi sangre

y te digo que mis venas se han cortado.

Cuando vengas

tal vez no quiera hablarte,

porque tendré vergüenza

que veas mis muñecas sin señales

y mis pañuelos blancos.

Cuando vuelvas

-si vuelves algún día-

no evoques mis palabras en recuerdos.

Quizá, la luz siga siendo luz.

Mira, yo tuve cielo, color...

        paredes rotas,

y fuí tonto, como la gente que anda

        por las calles.

Tu... ya verás.

No quiero hablarte.

Ven y no mires a nadie.

Si es que puedes, arráncate los ojos

y guárdalos en tus bolsillos;

entonces tus pecados serán muertos

y tú ya serás vida.