Tus dedos

Me duelen los ojos de tanto no verte,

perdido en el recuerdo

     de las pequeñas cosas que me diste:

            tu intimidad,

            tu amor,

            tus celos,

y... tus manos:

el estuche de unos dedos tan fríos

como el hielo que ahora se hace

mi corazón.

    ¿Recuerdas?

Dije que eran flechas

o, como almendras de sangre,

tan blancos,

como mi noche que volviste

y largos... sin fin.

Con ellos apagabas mi fuego

y los apretaba en mis ojos,

queriendo dormirme en

     aquel amor

que ya no cabía en mí.

     Hoy necesito tus dedos

          más que nunca,

y mis ojos te llaman,

mudos en dolor que los ciega.

     ¡Tus dedos, mi vida!

          ¡Tus dedos!